Necesidad de perder la forma temporalmente

El ciclista que busca mejorar su rendimiento a lo largo de un año con un sistema de entrenamiento moderno y variado, lo ha de hacer siempre partiendo de una planificación global y rigurosa de toda la temporada.


A menudo se suele ir por sensaciones, palabra muy común en el pelotón ciclista, pero en realidad esto de las sensaciones no siempre funciona. Se hace necesario pues, un plan de acción, con objetivos y metas con una visión global, una visión desde arriba y no del día a día. El verdadero responsable que esto suceda es el entrenador. El entrenador es el encargado de dibujar este plan, plan que ha de tener en cuenta una serie de variables que pueden resultar definitivas para los éxitos del ciclista y que sólo el preparador puede manejar a la perfección.


La planificación no es intuitiva, ni el éxito es el producto de la casualidad. Nada puede dejarse al azar, el ciclista debe buscar una gran forma en varias etapas de su temporada, sin riesgo de exceso ni defecto en las cargas de cada sesión. Los estímulos deben de ser los precisos y los test los suficientes para poder valorar a cada momento si el programa diseñado es el correcto o si hace falta un ajuste a corto, medio o largo plazo.


Así pues, cada carga debe de seguir siempre un proceso lógico a través del tiempo, con pequeños, medianos y grandes objetivos. Hay que tener en cuenta que la planificación del entrenamiento para un ciclista que busca mejorar año tras año, va a venir dada sobre todo, por el proceso de desarrollo de la forma deportiva, que consta de varias fases que se van desarrollando en el tiempo. Tal proceso tiene lugar mediante la alternancia sucesiva de tres aspectos: adquisición, mantenimiento y pérdida temporal de la forma deportiva, del que vamos a tratar en este artículo.


La fase de la pérdida temporal de la forma deportiva, se caracteriza por una reducción de determinados aspectos del entrenamiento, aspectos todos ellos relacionados sobre todo con la carga.


Porqué ésta pérdida temporal de la forma.


Lo que es óptimo para una temporada no lo es para la siguiente. La aspiración a mantener permanentemente la forma deportiva adquirida, equivale al deseo de atascarse en el sitio. Para avanzar en cualquier preparación es necesario olvidarse de la vieja forma y adquirir una de nueva, para todo esto es importante una reestructuración de todo el trabajo anterior, perfeccionar, transformar y mejorar todos los aspectos de la preparación deportiva que va a iniciarse de nuevo.


Probablemente si un ciclista ejecutara continuamente el mismo programa y los mismos ejercicios, sin tener en cuenta los descansos obligados, su nivel de entrenabilidad iría decreciendo, no se producirían las adaptaciones necesarias para la mejora y habría un retroceso en la consecución de la puesta a punto. Hay que tener en cuenta que el entrenamiento es un proceso basado en la alternancia de fases de catabolismo (destrucción metabólica) y fases de anabolismo (construcción metabólica), las cuales llevan a la mejora de la capacidad de prestación (supercompensación)


Todas las cargas físicas no sólo proporcionan un efecto inmediato sino también acumulado. Si no se gestiona bien este proceso dividiendo la temporada en función de la magnitud de las cargas, las competiciones y los descansos, puede existir el riesgo de sobreentrenamiento, probablemente una de las peores cosas que le pueden ocurrir a un deportista. Este fenómeno se suele dar por un mal enfoque y una mala distribución de cargas-descansos. La recuperación de un sobreentrenamiento es costosa y en alguna ocasión muy larga, ya que se debilita el sistema inmunológico y disminuyen las defensas del organismo, aumentando el riesgo de contraer enfermedades. Los factores físicos, psicológicos y emocionales que intervienen en este estado de sobreentrenamiento contribuyen a la disminución crónica del rendimiento deportivo.


Resulta difícil mantener durante mucho tiempo un equilibrio psíquico-físico adecuado. El mantenimiento de la forma deportiva implica grandes dificultades, tanto de orden interior como exterior, todo esto acarrea consecuencias desfavorables si se trata de mantener la forma más tiempo del debido. La pérdida temporal de la forma deportiva es, por consiguiente, una fase lógica en el proceso del perfeccionamiento.


Hay que prestarle mucha importancia y tener en gran consideración el planteamiento constante de incluir en la planificación fases regenerativas de manera periódica para contrarrestar la enorme carga acumulada que conlleva el entrenamiento. De esta forma aseguramos mucho más la temporada y además se alarga la vida del deportista.


Así pues, no quieras sentirte todo el año en condiciones excelentes porque esto es inviable. Periódicamente adquieres la forma deportiva, la mantienes durante un cierto tiempo y después se pierde. Tanto el entrenador como el atleta no se pueden saltar esta consideración si están interesados en el éxito de todo el proceso deportivo del ciclista.


El ciclista tiene que construir, mantener y después perder relativamente la forma deportiva a lo largo de los grandes ciclos anuales de entrenamiento. De esta forma la periodización del entrenamiento puede entenderse como una división organizada del entrenamiento anual para alcanzar objetivos lógicos.


Así pues, las tres fases, de adquisición, mantenimiento y pérdida temporal de la forma deportiva se transforman en los tres grandes periodos del entrenamiento deportivo: preparatorio, competitivo y transitorio. Todos estos periodos son importantes y a la vez hay que saberlos coordinar de la mejor manera posible para que uno sea la consecuencia del siguiente.


Llevo más de 25 años como entrenador y la regeneración física y psíquica siempre la he añadido al plan anual, pudiendo ser útil para todos los ciclistas que quieren conseguir grandes objetivos. El tiempo medio que se emplea es de unas 3 semanas aproximadamente, dependiendo de cada ciclista y de cómo ha ido la temporada. Aunque muchas veces el descanso total y absoluto no es lo mejor, desconectar de la disciplina por un tiempo sí que puede ser determinante.


Los entrenadores intentamos hacerlo lo mejor que podemos, pero no hay que caer en el error de buscar beneficios de forma rápida y sin criterio, ignorando la metodología del aumento gradual de la carga y de la alternancia de la misma.


Más no significa mejor. En el mundo del ciclismo parece ser que este concepto está muy arraigado debido a la tradición, a lo que se dice en la grupeta y a leyendas urbanas instaladas desde hace mucho tiempo.


Hay que cambiar la orientación de los programas y buscar nuevos sistemas que nos hagan evolucionar, pensando sobretodo que está en juego mejorar el rendimiento de un ser humano con todas sus limitaciones.



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